jueves, 31 de octubre de 2013

Firmín


“Hay escritores que nunca logran igualar su primera novela. Yo nunca pude igualar mi primera frase”



Firmin se lamenta de ser incapaz de escribir una primera frase brillante para su libro, y sin embargo escribe uno de los mejores primeros párrafos que he leído jamás. El prota de este libro es lo que vulgarmente se conoce como un tirillas: flaco, timorato, debilucho y cabezón, sin embargo su aspecto físico esconde una inteligencia y unas ganas de amar poco comunes entre los de su especie.

El pobre Firmin padece de bibliobulimia, ha de alimentar su cuerpo y su alma con libros.... el cuerpo con papel y el alma con palabras. Firmin es una caso único, un autor único, un ser único. Y muy divertido cuando quiere.

“Voy a abrirle mi corazón: el impulso de violar a mi hermana en un callejón fue el último momento de deseo sexual normal y corriente que he experimentado en mi vida”

“Malo es el amor no correspondido, pero lo que verdaderamente puede hundirlo a uno es el amor no correspondible”


La sexualidad y el amor de Firmin desde luego tendrían un lugar privilegiado en cualquier tratado de psiquiatría, pero él los vive con orgullo... y con sufrimiento. Ese amor no correspondible es capaz de destrozar a cualquiera, y más a un ser tan sensible y fácil de herir como él.

“Manténgase fuera del alcance de los niños y de los animales domésticos. Crueles palabras para quien por unos momentos, había creído ser ambas cosas.”

Y cuando llega la más horrenda traición, Firmin no se desmorona. O bueno, mejor dicho se desmorona y renace de sus cenizas buscando otro amigo. Y lo encuentra. Y lo disfruta,  y vuelve a confiar sin miedo. No sé a vosotros, pero a mí me parece que ésa es la actitud.

“Seco y frío era el mundo, y bellas las palabras. Plegué de nuevo aquel pasaje y me lo comí”

Humor, soledad, filosofía, ganas de sexo, amor por la literatura y por las Beldades, todo eso sumado a una exquisita sensibilidad, forman parte del cóctel de emociones que encontraremos en este libro. ¡A emocionarse tocan!

PD: por cierto, Gaston Leroux siempre me ha parecido uno de los grandes autores. Que lo sepas Fir.

martes, 15 de octubre de 2013

Vita brevis


"No vivimos eternamente, Aurelio. Eso significa que debemos aprovechar los días que nos son entregados."

Recuerdo que de niña, las monjas de mi colegio alababan a Santa Mónica porque a base de rezar por su hijo había logrado su conversión. Y en este pequeño libro, Floria Emilia nos recuerda en qué lo convirtió. Desde que lo leí, le cogí una manía a Santa Mónica que no puedo con ella, la veo como una madre posesiva y rencorosa, corroída por la envidia del amor que disfrutaban su hijo y Floria, y que seguramente ella no disfrutó con nadie (¿cómo tuvo a su hijo? ¡ah! no se sabe). Es imposible que una madre que ama a su hijo quiera apartarlo de aquellos a quienes ama él, que no me vengan con cuentos. Santa Mónica pasó a ser junto con San Cirilo, el obispo que hizo liquidar a mi querida Hipatia, una santa repugnante para mí. Ya no se puede una fiar ni de las canonizaciones.

El prólogo del autor a esta obra, es lo nunca visto. No sé si lo que cuenta es cierto o ficticio, pero sí parece cierto que Floria Emilia existió; que fue la amante de un estudiante llamado Aurelio, el futuro San Agustín; que convivieron dos años como pareja y tuvieron un hijo, Adeodato. Así que el prólogo de Gaarder es perfectamente creíble y para mí tan cierto como que ahora mismo el sol está en el cielo (excepción: si lees esto de noche).

Un librito corto, intenso y  más que recomendable para los amantes de la historia, de la literatura y de las mujeres pioneras que se enfrentaron a lo que hiciera falta para defenderse. Un gran libro. Os dejo algunas perlas extraídas de él.

"Pero no reparas en esto como algo bueno y hermoso, enseguida vuelves a lamentarte porque haya nacido en delito y haya sido concebido en pecado. O en amor, Honorable Obispo, un niño es concebido en amor, tan hermosa y sabiamente ha organizado Dios el mundo, haciendo que no se conciba por gemación.
                               
No me digas que para ti yo era sólo un cuerpo de mujer. Sabes que eso no es verdad. ¿Cómo puedes discernir entre cuerpo y alma? ¿No es eso alterar la obra de la creación de Dios? Cuando me rasgabas con afiladas caricias también desgarrabas mi alma, fiera desleal.

No evitas confesar tu arrepentimiento por nuestro amor carnal, vale, pero no olvides que yo era además tu mejor amiga. Insinúas que tan bajo descendiste que llegaste a cultivar la amistad de una mujer. Tu pecado más infame era que amabas también el alma de Eva."

Aurelio,  el futuro San Agustín
Y ahí le duele al cabroncete del ex-Aurelio, Obispo de Hipona y futuro santo. Ahí le duele porque su mamá y su Dios pudieron apartarlo del cuerpo de Floria, de su vida, de su hijo, pero de la brillante mente de Floria no lo pudo apartar ni Dios, nunca mejor dicho. Aurelio la admiró, la amó con veneración, y eso no tiene nada de carnal y además no se borra nunca por mucho que uno se santifique. Ajo y agua, San Agus. Por cierto, me encanta lo de fiera desleal, no se le puede describir mejor.

"Pero luego me vendiste a cambio de la salvacion de tu alma. ¡Qué traición, Aurelio, qué traición! No, yo no creo en un Dios que exige sacrificios humanos. No creo en un Dios que destroza la vida de una mujer con el fin de salvar el alma de un hombre."

Y sin embargo Floria creía en Dios, no deja de hablar en ningún momento por la boca de una creyente. Hay que reconocer, sin embargo, que con un Dios así te lo ponen difícil... ya lo diría Cioran algunos siglos después cuando naciera y se pusiera a pensar.

"Me decepciona que no digas ni una sola palabra sobre lo que sentiste y pensaste al comprobar que tu madre, sin tu consentimiento, me había separado de ti y de Adeodato."


Calzonazos... con lo que yo te quise... y no eres capaz de levantar la cabeza delante de tu madre y decirle que NO a sus absurdas órdenes acerca de TU VIDA. Anda que si lo llego a saber... perdón, yo estaba hablando de Floria Emilia ¿verdad? ;-)

Santa Mónica

“Dame la Castidad y la Continencia pero no ahora. Temía que respondieras de inmediato a mi petición y me sanaras demasiado pronto de mi concupiscencia, que yo quería satisfacer más que apagar”

Esto lo dijo San Agustín, ya convertido en cristiano, católico, apostólico y obispo. ¿Guasa y recochineo? pues parece ser que no, que el tío con toda su filosofía agustiniana lo decía en serio. Bueno, así cualquiera. Lástima que su madre ya hubiera muerto y yo no hubiera nacido cuando estas sentencias se publicaron en sus “Confesiones”, me habría gustado ver la cara de la supersanta-conversora al leerlas.

"En mi opinión no es más que soberbia el rechazar esta vida, con todos sus placeres terrenales, en favor de una existencia que quizá no sea más que una abstracción.

¿Recuerdas que me golpeaste porque te habías dejado tentar por mi ternura? Sobre mí recayó la culpa de tu deseo.

Tengo miedo Aurelio, tengo miedo de lo que puedan llegar a hacer algún día los hombres de la Iglesia a mujeres como yo."


Una vez más, la mujer tiene la culpa de todo, para variar. Pérfidas... si es que van provocando... fíjate que debajo de la ropa van todas desnudas, así ¿cómo no vamos a pecar? Y se quedan tan anchos. El miedo de Floria estaba por desgracia más que justificado y la historia lo confirmó una y otra vez.

"Si Dios existe, que Él os perdone."

Pues eso, que Él os perdone. Y por mi parte, y la de Floria, y la de Hipatia, y la de miles de mujeres, que os den por donde más os duela.

lunes, 7 de octubre de 2013

Más Jardiel

Me encanta este hombre. Además de su buen hacer literario y de su peculiar sentido del humor, me encanta que se tome la libertad en casi todos sus prólogos, de poner a parir a los críticos de sus obras. Les dedica unas lindezas y unos adjetivos, que nada tienen que envidiar al personaje más tarado de sus obras. Y oye, me parece estupendo. Si los críticos pueden establecer y publicar lo que no es más que su opinión, por fundada que esté, los escritores y otros artistas también tienen o deberían tener, el derecho a publicar la suya. Y don Enrique lo hace con la desfachatez que le caracteriza. Veamos algunos ejemplos en alguna de sus obras.

MADRE (EL DRAMA PADRE)
Enrique Jardiel Poncela



"¡Por cuántas vicisitudes ha pasado en su vida pública esta obra, desde llegar a ser prohibida por inmoral, aunque levantándose el veto más tarde, hasta constituir el lugar geométrico de todas las diatribas, de todos los ataques, de todos los agravios, que una crítica, ejercida por los peores, es susceptible de proyectar sobre una invención literaria llena de ironía y de spirit!

A veces los críticos me han juzgado injustamente tachando de mala mi producción, pero también yo, en el principio de mi carrera, les juzgué injustamente suponiéndoles inteligentes."


“Madre (el drama padre)” es una comedia de enredo, típica del autor, y desternillante desde su inicio. ¿Quién es el padre? ¿quién es la madre? ¿quienes son los hijos? ¿quienes son las hijas? ¿quién es un señor que pasaba por allí? Ahhhhhh, habrá que leer la obra para saberlo.



CUATRO CORAZONES CON FRENO Y MARCHA ATRÁS
Enrique Jardiel Poncela


¡A quién no le gustaría vivir eternamente! Algunos personajes de esta obra encuentran la poción mágica, pero luego resulta que las cosas no son como parecen.... personalmente, ésta es la comedia que más me gusta de Jardiel Poncela, y mira que el tema dista de ser original, pero el tratamiento que le da el autor sí lo es. Original y divertido, así que ¡a disfrutarla!

domingo, 29 de septiembre de 2013

Correr es muy sencillo

“No importa tanto llegar a la meta como recorrer el camino con tesón y constancia. Llegar a la meta es eso que pasa cuando no te das por vencido.”



Lees el título de este libro y piensas, “sí vale, claro”, pero luego resulta que es verdad, que correr es muy sencillo. O al menos si no es tan sencillo, correr de forma habitual tiene muchas más ventajas que inconvenientes, es una de las adicciones más sanas y recomendables a las que uno puede engancharse, y es accesible prácticamente a cualquier persona.

“¡Hazlo, déjate de excusas y hazlo!”

Resulta que correr, aunque no siempre puedo hacerlo, ha sido y es mi mejor medicina en tiempos difíciles, por eso estoy tan agradecida a las personas que me animan a correr, en especial tanto al autor de este libro como a mi amigo Rober, mi ídolo en estas cosas del correr. Al igual que se suceden los kilómetros de un maratón, el autor va desgranando en pequeños capítulos aspectos muy interesantes y algunos muy emotivos del corredor habitual. Desde el maratoniano hasta quienes como yo, corremos quince minutos en la cinta y no podemos más, pero correr, corremos y en algunas circunstancias, ya es mucho.

“Tu cuerpo es un tesoro y tus piernas un regalo de los dioses.”

“Cuanto más tiempo tardes en llegar a la meta, más mérito tendrá tu hazaña y más intensa será tu experiencia.”


Por cierto, en el capítulo 34, el autor habla de los desastres que produce el veneno del tabaco, y aconseja huir de los malos humos y no permitir que nadie fume cerca de uno. Sólo por eso, una talibán antitabaco como yo, ya adoraría este libro.

“Nada ni nadie puede ser tan poderoso como para poner en riesgo mi tranquilidad y mi paz interior.”

Para los maratones (o quince minutos de cinta) en carrera, y para los maratones (o quince minutos de cinta) de la vida, más que recomendable este pequeño gran libro, “Correr es muy sencillo”, de Sergio Sánchez Benítez.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La pequeña vendedora de prosa

“Aquellos tipos eran capaces de acabar con todo... escribían como asesinos”



Asesinatos, amor en todas sus facetas, excentricidades, literatura, la gran vendedora y el gran fraude, “blancos” literarios (o sea, gente que no ha escrito la novela pero se hace pasar por el autor), una mujer hermosa y lista, una cárcel y un hospital. Agitadlo todo y vereis que hermoso batido ha creado Daniel Pennac.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Una cuestión personal





Cruel. Es la mejor palabra para definir esta novela, cruel e inhumana hasta la exasperación. Aterradora. Fría. Sádica. Y quizá por eso fascina, porque muestra la parte menos humana de los humanos, la que todos rechazamos, la que no quisiéramos tener, pero me temo que todos tenemos.

Y hasta aquí puedo leer.

jueves, 11 de abril de 2013

El color púrpura

“¿Quién te has creído que eres? me pregunta riendo. Tú no puedes maldecir a nadie. Mírate. Eres negra, eres pobre, eres fea, eres una mujer. Vamos, que no eres nada.”


Y sin embargo la de cosas que llega a ser Celie en esta novela. Poco esfuerzo hay que hacer para imaginar cómo ha sido su vida, cuando esa frase se la dice su marido, y para el que no quiera imaginar, en el libro se dan todos los detalles, pero lo importante no es en realidad de dónde parte Celie en el primer capítulo, es a dónde llega en el último. Porque los hombres de esta historia son todos una panda de bastardos, pero las mujeres, las maravillosas Celie, Shug, Sofía, Nettie... ¡¡¡qué mujeres, por dios!!!  qué mujeres han de ser para sobrevivir en ese entorno. Y no sólo sobreviven sino que lo hacen con alegría, con ganas de vivir, con la pasión que no han conseguido quitarles a base de palos y violaciones, con amor, con deseo...¡¡y con las garras afiladas!!

“No quiero a mi lado a un mequetrefe que no supo decir que no a su papá. Yo necesito un hombre.”

“A las mujeres sí las miro, porque a ellas no les tengo miedo.”

“-Vamos Miss Celie, lo dices como si hiciera sus necesidades encima de ti
-eso es lo que a mí me parece
-¿nunca te ha gustado?
-nunca
-tú aún eres virgen, Miss Celie.”


Y sí, resulta que Celie era virgen a pesar de haber tenido varios hijos, porque nunca la amaron, porque nunca se deleitaron acariciando su cuerpo, porque nunca le regalaron la delicia de un beso sin más. Pero ahí está Shug, la amante de su marido que rápidamente cambia al tonto del marido por la tímida Celie, y hace que las dos florezcan. En la película que Spielberg hizo de esta novela, hay una escena tremenda, que refleja muy bien las relaciones entre las mujeres y hombres de esta historia. La bella cantante Shug, ataviada con un vestido rojo de lentejuelas, canta en un bar para diversión de los hombres del lugar, pero un día acude por allí Celie, su discreta amiga, tímida y con los ojos bajos, y algo explota en el corazón de ambas sin que nadie más se dé cuenta. Mientras todos los machos ebrios babean a la par que levantan su copa de whisky, Shug busca a Celie y le canta... el blues de la señorita Celie. No os lo perdais, ni la música, ni la letra ni la fantástica interpretación de las dos actrices.


Por cierto, odio los subtítulos pero no he tenido ganas de traducirla entera, sólo un apunte: cuando el subtítulo dice “ponte a bailar, hermana” en realidad la canción dice “mueve el culo, hermana”.

“De todos modos, ese Dios al que yo rezaba, y al que escribía cartas, es un hombre. Y como todos los hombres es desconsiderado, olvidadizo e indiferente.”

De manera que Celie deja de escribir cartas a Dios, y empieza a escribírselas a su hermana Nettie, a su adorada hermana de quien la separaron de niña a golpes porque si no, no la habrían podido separar, y de quien no sabe ni siquiera si está viva. Pero Celie escribe, y escribe... y Nettie escribe, y escribe... y el Dios que las ha ignorado toda la vida parece que llega a conmoverse, y resulta que Nettie no está sola, y la fe de cada una de ellas en la otra, que las ha mantenido vivas y unidas pese a la distancia, es la que las hace reencontrarse y quedar paralizadas de felicidad la una en brazos de la otra. Y de paso tocarnos la fibra a los lectores del libro, que para eso estamos ;-)

“Y a pesar del cansancio, cantan, Celie.”

Y a pesar del cansancio, digo yo que habrá que seguir cantando, por triste que a veces sea el blues.

Impresionante

  No soy fácil de impresionar literariamente hablando. De mis 54 años, llevo los últimos 51 leyendo como una posesa (no me preguntéis cómo a...