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domingo, 9 de diciembre de 2012

La ciencia de Los Simpson

“Exactamente en el minuto seis del primer episodio de la serie animada más duradera de la televisión, “Los Simpson”, la ciencia ya hace acto de presencia.”


Por sorprendente que parezca.

No, “Los Simpson” no es solamente una serie de humor, no es solamente una serie de ácida crítica social (a veces me pregunto cómo es que los puritanos de los yankis no la censuraron hace tiempo), también es una serie culta, muy culta. El personaje de Lisa es toda una enciclopedia, pero incluso el trompo de Homer y el gamberro de Bart hacen a veces guiños a la ciencia y la cultura. De manera inconsciente por su parte, claro está.

Todos los guionistas de la serie son licenciados en Harvard, y varios de ellos en carreras de ciencias. Los cabrones se lo pasan pipa haciendo el guión de la serie, y metiendo en las escenas aparentemente más simplonas y de forma casi subliminal, principios científicos que al profano dejan indiferente, pero que son auténticos toques de humor  para el que sepa algo de ciencias. ¿Quién se dio cuenta en su momento de que Maggie, jugando con su rompecabezas da una patada a la ecuación más famosa de la historia?


Marco Malaspina nos ayuda a entender esas pequeñas pero intensas pildoritas de ciencia   salpicadas por los capítulos de su serie favorita, tanto a los profanos como a los científicos despistados. El libro es corto, ameno y muy interesante, así que altamente recomendable. El propio dibujo de la portada ya da una idea de ese universo en forma de rosquilla y de sus humanos amarillos, con quienes tantas veces nos hemos partido de risa, pero que en el fondo va a ser que no son tan tontos.


Por cierto, una curiosidad. Cada vez que aparece un “cameo” de un personaje famoso, y no son pocos, es el propio personaje, el real, quien pone voz a su dibujo animado en la versión original en inglés. ¿Os imagináis a Bill Clinton en un estudio de grabación, doblando a su personaje mientras éste habla con doble sentido de la política del partido demócrata y de felaciones extramatrimoniales? Pues parece ser que sucedió... una muestra más de la valía de los guionistas y del gran éxito de esta serie, que lleva ya veintipico temporadas ininterrumpidas.

Imprescindible para fans, y muy interesante para el resto, “La ciencia de Los Simpson”, de Marco Malaspina.

domingo, 14 de octubre de 2012

La ciencia de Sherlock Holmes

“Aunque Sherlock Holmes haya sido un personaje ficticio, lo que podemos aprender de él goza de una consistencia real.”



Y en eso precisamente se basa la autora de este libro, en comentar casos reales desde la perspectiva forense e investigadora... de Sherlock Holmes. Confieso que he leído todas las aventuras de Sherlock, al menos todas las que he encontrado (y recuérdese que trabajo en una biblioteca); todas me han parecido geniales, pero si he de elegir una me quedo con la primera que leí, que también es la primera que escribió Conan Doyle sobre este peculiar personaje, “Estudio en escarlata”. Fue mi primer contacto con Sherlock y no pudo ser más apasionante. Junto al pasmado Watson, médico de profesión al igual que Conan Doyle, Holmes resuelve los casos a priori  más complicados de la manera más simple, para luego dar a su colega la obvia explicación que  nos deja a todos con la boca abierta. Me pareció delicioso un fragmento de “Estudio en escarlata”, donde nada más conocerse Holmes y Watson, este último enumera y valora los conocimientos que parece tener el primero sobre cada una de las ramas del saber. Lo he buscado para copiarlo aquí, pero creo que no lo copiaré y lo dejaré en el aire, por si alguien siente curiosidad y se decide a descubrir esa pequeña perla de la literatura que es “Estudio en escarlata”.

Sir Arthur Conan Doyle. Pensando.

“Ya conoce usted mi método, se fundamenta en la observación de menudencias.”
Sherlock Holmes a Watson, en “El misterio del valle de Boscombe”

Y volviendo al libro que nos ocupa, lo que hace E.J. Wagner en “La ciencia de Sherlock Holmes” no es más que comparar casos forenses reales, resueltos gracias a la pericia de los criminólogos que se ocuparon de ellos, con la manera en que Sherlock resuelve sus casos ficticios, todo ello de una manera entretenida y fácil de leer. Desde luego, la comparacion resulta sorprendente. A la vez da un repaso a los grandes criminólogos de la historia y a esta ciencia, que pese a ser fascinante y necesaria, no siempre goza del agrado del público. Su libro puede quizá alterar en algo dicho punto de vista. Eso espero.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ladrón de cerebros... y de corazones

“Sé intelectualmente promiscuo, no dejes que nadie te aburra”


Algunas cosas que he aprendido leyendo “El ladrón de cerebros”:
  • Cómo se lo monta un rhinovirus para sobrevivir y multiplicarse en el cuerpo de un pobre becario resfriado.
  • Aquello que nos hace humanos, que nos permite sentir, vivir, estudiar, amar, disfrutar y sufrir, no es más (ni menos) que un puñado de masa gelatinosa con forma de nuez.
  • No te fíes de los concursos de televisión en los que se abre una puerta y aparece una cabra, no te fíes.
  • El universo es muchísimo más grande de lo que parece, de lo que creíamos que era y de lo que podemos imaginar. Glups.
  • Dios no existe, y si existe fue él quien instauró la selección natural como herramienta para la evolución de las especies.
  • A los hombres heterosexuales, evolutivamente han de gustarles las mujeres de anchas caderas y grandes pechos, pero cognitivamente y cediendo a la presión del grupo social, han de gustarles las mujeres altísimas y delgadísimas. Los pobres, qué cacao mental........
  • Nuestros genes son bastante cotillas. Un simple algodoncito frotado en la parte interior de la mejilla y esa panda de cotorras le cuentan a cualquier genetista los secretos más íntimos de nuestro cuerpo y de nuestra salud, incluso aquellos que nosotros mismos desconocemos. Glups de nuevo.
  • Los creacionistas son un montón de cazurros (eso ya lo sabía) pero son más peligrosos de lo que imaginaba.
  • Existen gusanos de ocho cabezas (documentado con vídeo).
  • ¡Se está investigando una vacuna que puede curar de la adicción al tabaco! Eso es fantástico.
  • Si me enamoro no es mérito mío, ni del objeto de mis amores, todo es culpa de la oxitocina. He de hablar seriamente con mi oxitocina, esto no me hace ninguna gracia.....
  • Algún día la gente que se sienta sola tendrá un robot como mascota en vez de un animal. Nos ahorraremos millones en limpieza de calles y mobiliario urbano.

... y muchas cosas más. “El ladrón de cerebros” es sin duda el mejor libro de ciencia divulgativa que he leído nunca, seguido de “La mente errabunda” de nuestro querido Asimov. Y es el mejor porque te fascina, porque consigue engancharte desde el primer momento hasta el punto final.

“No le tengas miedo ni excesivo respeto a la ciencia: hazla tuya”

Esa es la filosofía con la que el libro está escrito y con la que Pere Estupinyà, su autor, pretende (y consigue) que leer ciencia sea tan ameno y divertido como leer una novela, con el añadido de lo muchísimo que aprendes en cada uno de sus capítulos. El libro está basado en los posteos del blog “Apuntes científicos desde el MIT”, que su autor comenzó a escribir en el año 2007, durante su estancia en Boston, cuando disfrutaba de una beca de periodismo científico en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT); los capítulos son breves e intensos, y cada uno de ellos te abre todo un mundo de posibilidades.

La verdadera magia de “El ladrón de cerebros” es haber sabido tocar el corazón de los “dummies” de la ciencia, al contarla con sencillez y claridad. Los que nunca entenderemos en profundidad la teoría de cuerdas (¡y tantas otras cosas!), al menos gracias al trabajo de Pere podemos saber de qué va, y eso ya es mucho.

Mi más ferviente recomendación para hoy: leed “El ladrón de cerebros” y lanzaos de cabeza a esa maravillosa piscina que es la ciencia. Salvo en matemáticas, por muy científicamente que hablemos nunca se puede asegurar algo de manera total, pero en este caso hay un 99’9% de posibilidades de que el libro y su simpatiquísimo autor os acaben robando el corazón. Como a mí.

Impresionante

  No soy fácil de impresionar literariamente hablando. De mis 54 años, llevo los últimos 51 leyendo como una posesa (no me preguntéis cómo a...