martes, 28 de febrero de 2012

Knock Out: tres historias de boxeo

“De modo que lo llamé, le puse los guantes y lo subí al ring. Prayne lo puso contra las cuerdas. Pero él resistió dos rounds durísimos y luego se desmayó. Estaba muerto de hambre, eso era todo.”




El amigo Jack London es un escritor especialista en la cruda realidad. Así como en “Martin Eden” nos pone los pelos de punta con la miseria y la desesperación; así como en “Colmillo blanco” nos estremece con la crueldad de la naturaleza en su estado más puro, en este libro, compuesto por tres excelentes relatos, nos habla del boxeo con toda su crudeza, sin ahorrar ni una gota de sangre ni un espasmo de dolor. No apto para señoritas victorianas ;-)

“Tenía el labio partido y le sangraba la nariz. Cuando volvió a trabarse en un clinch, los hilos de sangre, por su contacto con las cuerdas, se veían como estrías rojas en su espalda.”

 El boxeo es un deporte con frecuencia vilipendiado, del que la gente se suele quedar con el morbo de ver a dos personas pegándose, la sombra de la mafia controlando las apuestas y el juego sucio. Sin embargo el entrenamiento de los boxeadores es de los más completos que existen, y su forma física debe ser exquisita a la hora de enfrentar un combate. No se le hace justicia al boxeo si no se tienen en cuenta los sacrificios y privaciones que impone este deporte.

Las tres historias de Knock Out son tres puntos de vista con un hilo común, tres formas muy diferentes de ver el acto de ponerse unos guantes y subirse a un ring. Aunque las tres me han gustado mucho, personalmente me quedo con la segunda, “El Mexicano”.




La edición que he leído, de la editorial Libros del Zorro Rojo, tiene además la ventaja de estar magníficamente ilustrada por Enrique Breccia. Que la disfruteis.

domingo, 15 de enero de 2012

Aquel día, en la luna

“Va hacia la Luna... la Luna... quisiera que hoy nadie muriese”


“Quel giorno sulla Luna” en versión original. Lamento no haber encontrado nunca una edición de esta obra en español, ni siquiera sé si existe, pero para quienes conozcan la lengua italiana, vale la pena sin duda leer este interesante documento, a mitad camino entre la crónica periodística y la más pura pasión. La fascinación de Oriana por la luna queda patente en muchas de sus obras, pero en ésta, dedicada exclusivamente al descubrimiento íntimo de nuestro satélite, se desborda. Además de hacernos vivir el despegue como si estuviera sucediendo en el momento en que lo leemos, en vez de hace casi cuarenta y tres años, Oriana hace un relato detalladísimo de los tres hombres que emprendieron la aventura: Armstrong, Aldrin y Collins; de sus mujeres y sus hijos; de sus jefes; del proyecto espacial; de su entrenamiento y preparación; de cada momento transcurrido entre el despegue y el amerizaje tres días después; de los estudios posteriores que se realizaron acerca del material que los astronautas recogieron en la luna. Y me he enterado de cosas muy interesantes.
 
Por ejemplo, la Fallaci habla con bastante dureza de los tres hombres del momento, y desmonta completamente el aura de héroes del siglo en que se vieron envueltos. Nos descubre que eran militares de profesión, que habían participado en varias misiones en Vietnam, y que se limitaban a cumplir órdenes. Ninguno de ellos pidió ir a la luna, simplemente fueron elegidos para ello, y siguieron en todo momento las instrucciones que les dictaban desde Houston, y estas instrucciones incluian los aspectos más íntimos de su vida: cuándo  y qué debían comer, cuándo descansar, hacer sus necesidades, salir de la cápsula, cuántos pasos adelante y atrás... llegan a parecer robots.


Algo que me cabreó bastante es que la NASA, pese a que tomó algunas precauciones al respecto, no hubiera sido capaz de evitar la contaminación lunar de haberse producido. Si  Armstrong y Aldrin, los dos hombres que pisaron la luna, hubieran traido consigo alguna bacteria lunar a la tierra, y ésta hubiera resistido el periodo de cuarentena al que fueron sometidos tras el regreso, podría haber contaminado a la población humana con consecuencias imprevisibles. Sin comentarios.

Por cierto, los tres astronautas llevaban, junto con su alimentación semiliofilizada unas pildoritas que, de ingerirlas, les habrían producido una muerte instantánea en pocos segundos. ¿Para qué? ¿Quién iba a querer morir en la luna? Evidentemente nadie pero....  existía la remota posibilidad de que el motor de la cápsula lunar, la que se posó en el suelo del satélite, no volviera a arrancar tres días después de ser apagado, a la hora del regreso. Y un rescate, por razones obvias, habría sido imposible. La cápsula había sido probada montones de veces... en la tierra. Nadie podía asegurar que su motor pudiera encenderse con normalidad (o sin ella, pero encenderse) sin atmósfera y con una gravedad seis veces menor que en la tierra. Así que nuestros chicos iban bien equipados y preparados para lo peor. Eso sí, por parte de la NASA, dar a conocer este detalle supuso echar leña al fuego del espectáculo yanki que supuso la llegada del hombre a la luna, y al aura de heroísmo que quiso dar a sus hombres. Las pastillitas eran totalmente innecesarias y para demostrarlo Oriana Fallaci expone, en un párrafo absolutamente brillante, varias maneras de suicidarse en la luna, todas ellas inmediatas y sin sufrimiento. Poca utilidad para los pobres mortales que jamás pisaremos el Mar de la Tranquilidad, pero una muestra más de la enorme calidad periodística y narradora de mi querida Fallaci, frente a quien me quito, y siempre me quitaré el sombrero. “Lleno de cerezas”, a ser posible ;-)

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ladrón de cerebros... y de corazones

“Sé intelectualmente promiscuo, no dejes que nadie te aburra”


Algunas cosas que he aprendido leyendo “El ladrón de cerebros”:
  • Cómo se lo monta un rhinovirus para sobrevivir y multiplicarse en el cuerpo de un pobre becario resfriado.
  • Aquello que nos hace humanos, que nos permite sentir, vivir, estudiar, amar, disfrutar y sufrir, no es más (ni menos) que un puñado de masa gelatinosa con forma de nuez.
  • No te fíes de los concursos de televisión en los que se abre una puerta y aparece una cabra, no te fíes.
  • El universo es muchísimo más grande de lo que parece, de lo que creíamos que era y de lo que podemos imaginar. Glups.
  • Dios no existe, y si existe fue él quien instauró la selección natural como herramienta para la evolución de las especies.
  • A los hombres heterosexuales, evolutivamente han de gustarles las mujeres de anchas caderas y grandes pechos, pero cognitivamente y cediendo a la presión del grupo social, han de gustarles las mujeres altísimas y delgadísimas. Los pobres, qué cacao mental........
  • Nuestros genes son bastante cotillas. Un simple algodoncito frotado en la parte interior de la mejilla y esa panda de cotorras le cuentan a cualquier genetista los secretos más íntimos de nuestro cuerpo y de nuestra salud, incluso aquellos que nosotros mismos desconocemos. Glups de nuevo.
  • Los creacionistas son un montón de cazurros (eso ya lo sabía) pero son más peligrosos de lo que imaginaba.
  • Existen gusanos de ocho cabezas (documentado con vídeo).
  • ¡Se está investigando una vacuna que puede curar de la adicción al tabaco! Eso es fantástico.
  • Si me enamoro no es mérito mío, ni del objeto de mis amores, todo es culpa de la oxitocina. He de hablar seriamente con mi oxitocina, esto no me hace ninguna gracia.....
  • Algún día la gente que se sienta sola tendrá un robot como mascota en vez de un animal. Nos ahorraremos millones en limpieza de calles y mobiliario urbano.

... y muchas cosas más. “El ladrón de cerebros” es sin duda el mejor libro de ciencia divulgativa que he leído nunca, seguido de “La mente errabunda” de nuestro querido Asimov. Y es el mejor porque te fascina, porque consigue engancharte desde el primer momento hasta el punto final.

“No le tengas miedo ni excesivo respeto a la ciencia: hazla tuya”

Esa es la filosofía con la que el libro está escrito y con la que Pere Estupinyà, su autor, pretende (y consigue) que leer ciencia sea tan ameno y divertido como leer una novela, con el añadido de lo muchísimo que aprendes en cada uno de sus capítulos. El libro está basado en los posteos del blog “Apuntes científicos desde el MIT”, que su autor comenzó a escribir en el año 2007, durante su estancia en Boston, cuando disfrutaba de una beca de periodismo científico en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT); los capítulos son breves e intensos, y cada uno de ellos te abre todo un mundo de posibilidades.

La verdadera magia de “El ladrón de cerebros” es haber sabido tocar el corazón de los “dummies” de la ciencia, al contarla con sencillez y claridad. Los que nunca entenderemos en profundidad la teoría de cuerdas (¡y tantas otras cosas!), al menos gracias al trabajo de Pere podemos saber de qué va, y eso ya es mucho.

Mi más ferviente recomendación para hoy: leed “El ladrón de cerebros” y lanzaos de cabeza a esa maravillosa piscina que es la ciencia. Salvo en matemáticas, por muy científicamente que hablemos nunca se puede asegurar algo de manera total, pero en este caso hay un 99’9% de posibilidades de que el libro y su simpatiquísimo autor os acaben robando el corazón. Como a mí.

sábado, 5 de noviembre de 2011

El Rin

“Los ríos acarrean las ideas lo mismo que las mercancías. Los ríos, como inmensos clarines, cantan al océano la belleza de la tierra, el cultivo de los campos, el esplendor de las ciudades y la gloria de los hombres”


No es la mejor novela de Víctor Hugo, ni la que más me ha gustado, pero con frasecitas como la anterior, a los que somos germanófilos, romanticófilos y renanófilos (toma palabros) nos conquista. Yo ni siquiera lo llamaría novela, es más bien un cuaderno de viajes en el que el autor se dedica a describir todos los pueblos y ciudades con los que se encuentra en su recorrido por el Rin, pero puesto que se trata de Víctor Hugo, es fácil imaginar que las descripciones son magníficas y muy sentidas. A mí me ha gustado mucho, por eso lo posteo.


Y ahora que ya me he leído el libro, a ver si este año cae el crucerito... ;-) Por cierto, esta última foto es de la catedral de Colonia, junto al Rin. Preciosa.

sábado, 22 de octubre de 2011

Los pilares de la tierra y Un mundo sin fin


“Un mundo sin fin”, es un libro que nunca debió ser escrito.

Como aficionadilla a la escritura, no puedo evitar a veces sentir una cierta envidia, aunque sana, de aquellos autores que escriben, publican y no sólo viven de lo que publican, sino que viven muy bien. Parece el chollo del siglo ¿no? pues he cambiado de opinión leyendo “Un mundo sin fin”. Estoy segura, segurísima de que Ken Follett  nunca quiso escribir ese libro, y escribir 1200 páginas de un libro que en realidad no quieres escribir debe ser muy duro. Y que conste que el libro me ha gustado mucho, es una novela interesante y fácil de leer, pero desde luego escrita a la rémora de su brillante antecesora “Los pilares de la tierra” y que nunca hubiera existido sin ella.

Debo decir a título de curiosidad, que “Los pilares de la tierra” tiene casi 1300 páginas y yo las leí todas seguidas, en una noche tranquila de viernes, cuando cogí el libro después de cenar para leer un rato. No podía parar, no podía. Mi cuerpo vibraba de cólera con las salvajadas de William, de excitación cuando Jack crea en su brillante mente el mecanismo de la máquina de abatanar, y de ternura unas páginas después, cuando hace el amor por primera vez con Aliena. No se puede vivir más intensamente algo que no estás viviendo tú. Se entiende mejor ahora lo de obsesiva y compulsiva, ¿verdad? ;-)


“Los pilares de la tierra” es una obra maestra, una novela cuyo único defecto es que su autor esté vivo, porque si no, sería ya un clásico entre los clásicos. Magistral y única, marcó toda una línea a otros muchos autores que nunca igualaron su maestría. Ken Follett habla mucho de ella en el mismo libro, habla con todo su amor de cómo la gestó, de cómo estuvo obsesionado por la Edad Media y la construcción de catedrales en esa época, y de cómo siempre supo que escribiría una novela al respecto.

Y la novela salió perfecta, tan perfecta que estoy segura de que el maestro pensó en retirarse el día que escribió la palabra FIN. Pero detrás de un escritor de éxito hay mucha gente que vive de lo que él escribe: agentes, editores, impresores, publicistas...... y supongo que no le dejaron. Son siempre los que no escriben quienes quieren matar a la gallina de los huevos de oro, no quien tiene el talento de escribir. NADIE puede desear escribir “Un mundo sin fin” después de haber escrito “Los pilares de la tierra” y la venganza oculta del bueno de Follett fue... volver a escribir “Los pilares de la tierra”. “Un mundo sin fin” es el mismo libro, con los mismos personajes y los nombres cambiados, con el mismo argumento, con los mismos hechos y con algunas escenas calcadas. Quizá por eso resulta también fascinante su lectura, pero si segundas partes nunca fueron buenas, en este caso la segunda parte es bastante descafeinada. Quienes amamos en su momento profundamente a Jack, nunca podremos sentir más que un tibio cariño por Merthin. Se siente, el amor y la literatura, son así.

Por cierto, hablando de Jack, estos días estoy viendo la serie basada en la novela, y me parece acertadísima la elección del actor Eddy Redmayne en el papel de Jack, ¡¡¡siempre imaginé así a Jack!!! ¿¿¿cómo lo han sabido??? Es uno de esos actores que saben decir sin palabras lo que su personaje está sintiendo, y hace un Jack guapísimo y entrañable, con una mirada que directamente te derrite. Lo mejor de la serie, sin duda.


domingo, 16 de octubre de 2011

Los Pazos de Ulloa

“...en las ciudades pequeñas... donde ningún suceso se olvida ni borra... donde se abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones épicas, a menudo tiene una muchacha perdida la fama antes que la virtud...”

Magnífica doña Emila Pardo Bazán, recreando en una novela costumbrista al más puro estilo Jane Austen los entresijos, los sinsabores, la brutalidad y la hipocresía de la Galicia más profunda. También las pasiones y el amor tierno tienen lugar en este relato, mezclados con adulterio y caciquismo en grandes dosis. Como la vida misma.

Sublime la escena en la que los cazadores hablan de sus “conquistas”, parece que la autora esté lanzando un guiño a todas las mujeres que, obligadas a callar, asisten con una sonrisa de resignación a escenas como esa.

Los ingleses tienen a la Austen y a las hermanas Brönte...... nosotros tenemos a la inimitable condesa de Pardo Bazán. Disfrutémosla.


Obsesiva y compulsiva

Obsesiva y compulsiva, así es mi relación con la lectura. No sólo leo montones de libros, sino que tengo listas enormes de los que tengo pendientes de leer, y cuando empiezo uno nuevo me siento como si naciera, como si se abriera el mundo entero ante mí ¡es la mejor de todas las aventuras, leer!

Los devoro, los libros, me los bebo, hago el amor con ellos, duermo con ellos, me río de ellos, se ríen de mí y me hacen llorar a mares cuando el tiempo está gris. Me ha dolido la muerte de un personaje de ficción al igual que la de un buen amigo; he conocido a varios hombres perfectos y me he enamorado de todos ellos; he sentido lo que siente una madre cuando su hijo se va a la guerra; he sido una heroína romántica a la que hieren y abandonan; me han amado como a nadie, me han odiado, incluso una vez, por amor, me clavé un puñal en el corazón y me arrojé al Rhin. Y todo eso, como dijo Umberto Eco “sentada en una esquina con un libro”.

Les debo a los libros más que la vida, y por eso los amo tanto. En este blog sólo encontrareis aquellos que me han tocado el punto G del alma, que al fin y al cabo son aquellos de los que merece la pena hablar. Espero que disfruteis leyéndolos y que os  hagan vivir las mismas sensaciones que me han hecho vivir a mí.

Por cierto, me gano la vida trabajando en una biblioteca..... lo mío es muy grave... ;-)

Impresionante

  No soy fácil de impresionar literariamente hablando. De mis 54 años, llevo los últimos 51 leyendo como una posesa (no me preguntéis cómo a...